Como lo establece nuestra Constitución, el Estado
Mexicano tiene como propósitos centrales procurar, mediante la educación, el
desarrollo armónico de todas las facultades del ser humano, así como proveer lo
necesario para que las niñas, los niños y adolescentes ejerzan plenamente sus
derechos, entre ellos, la satisfacción de las necesidades de salud para su
desarrollo integral. La Encuesta Nacional de Coberturas del IMSS 2006, alerta
sobre el riesgo en el que se encuentran más de 4 millones de niños —entre los
cinco y los 11 años—, pues la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad se
presenta en uno de cada cuatro niños (26%), mientras que uno de cada tres
adolescentes la padecen (31%), lo que ha llevado a nuestro país a ocupar el primer lugar en obesidad infantil. Lo
anterior es una señal de alarma por los riesgos que implica: enfermedades
degenerativas, hipertensión arterial, diabetes, lo que lleva en algunos casos a
la deserción escolar y, por tanto, a enfrentar mayores dificultades al
insertarse en el mercado de trabajo y ejercer la ciudadanía de manera
comprometida y responsable.
Una condición indispensable para que los ciudadanos
alcancen el desarrollo pleno de todas sus facultades mediante la educación, es
que tengan oportunidades para una vida saludable. Y que al mismo tiempo
obtengan un conocimiento suficiente para actuar conforme una cultura de la
salud y tener una mejor calidad de vida.
Está suficientemente comprobado que el rendimiento
escolar se relaciona con dos determinantes de la salud: la sana alimentación y
la práctica cotidiana de actividad física; ambas inciden de manera importante
en el desarrollo intelectual, físico y socioafectivo de los estudiantes. Por
ello, tanto las autoridades educativas como las comunidades escolares, estamos
empeñados en generar las condiciones propicias para el desarrollo presente y
futuro de nuestra niñez y juventud.
Extracto de la
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